Carta de una superviviente al suicidio. Relatos de duelo

Hola Alba, te escribo esta carta por recomendación de mi psicóloga. Estoy haciendo terapia… Sí, terapia. Seguro que ahora mismo te estás riendo a carcajadas….. Siempre te reías de estas cosas. Tú…siempre tan autosuficiente, tan valiente, independiente…

Yo no. No soy autosuficiente, ni independiente, ni valiente. Necesité ayuda cuando decidiste marcharte. Ya hace tres años que desapareciste de mi vida.

Te quitaste la vida, te quitaste la vida, te quitaste la vida, te quitaste la vida, te quitaste la vida…, te quitaste la vida y…. me ha costado mucho superarlo…. Muevo el bolígrafo despacio mientras escribo, hoy todavía un escalofrío recorre mi espalda y mi corazón late más rápido. Las lágrimas asoman discretamente por mis ojos…

No voy a parar de escribir, no… Tengo muchas cosas que decirte… No entendía cómo habías sido capaz de hacerlo. Terminaste con tu vida de un plumazo y con la mía, de cierta manera, también…

Nunca nada ha sido lo mismo. Tu ausencia hizo un agujero en mi corazón. Un corazón que lloraba por tu ausencia y que a la vez sangraba sintiéndose culpable. Convivía diariamente con la impotencia de no haber hecho nada por ti. Ni siquiera me di cuenta de que estabas sufriendo… Ciega me sentí durante mucho tiempo, sorda me sentí por no haber escuchado tus lamentos. Manca me sentí por no haber tenido las manos suficientemente sólidas para abrazarte tan fuerte que hubieras deseado seguir conmigo.

Eras mi mejor amiga ¿cómo no pude darme cuenta? ¿por qué no me dijiste nada? ¿por qué parecía que todo estaba bien? Muchos interrogantes me hice durante meses, incluso años… Le daba vueltas a la cabeza constantemente, buscando pistas, pequeños detalles que hubiera pasado por alto. No entendía como habías sido capaz de hacer algo así sin comentarle nada a nadie. Parecías feliz, parecías fuerte, inquebrantable. No entendía como una persona entregada a los demás, ayudando en todas las causas…no había permitido que nadie le ayudase…

Te odié por ello. Te odié por ser tan cobarde, por no haber plantado cara a los problemas, por haberlo hecho sola… No tenías derecho. Tu vida no te pertenecía… Te marchaste sin preguntar, sin pensar en cómo seguiríamos viviendo sin ti. No era tu hora, no te despediste.

Durante meses esperé que alguien encontrara una carta para mí, donde me pidieras perdón, donde al menos me explicaras qué pasaba en tu cabeza, en tu corazón. ¡Cómo de dolorido tenía que estar para tener que callar sus latidos! ¡cómo de sola te tuviste que sentir! Y después de tu marcha yo me preguntaba… ¿en qué he fallado?, en ¿qué hemos fallado?. Nuestra relación era una mentira, nuestro amor era una mentira… cómo puede amarse a alguien y no darte cuenta que está sufriendo… Cómo puedes amar a alguien y no querer luchar por tu vida… Estos pensamientos me torturaron muchas noches, que sin dormir sufría mi penitencia. La penitencia de no haber sido suficiente para que te aferraras a la vida.

Pero pasó el tiempo y algo de luz apareció en el túnel… Ya no me hago preguntas por las que nunca obtendré respuesta. No me hago responsable de una decisión que no tomé yo. Me hago cargo de mí, de aprender a seguir viviendo.

He llorado toda mi tristeza, he pataleado y golpeado sacando toda mi rabia. También he abrazado el miedo de sentirme huérfana… Ya, sintiéndome vacía de toda la carga que no era mía estoy disponible para seguir mi camino.

Llamé al pájaro carpintero… Me ha hecho un cofre precioso donde guardar mis tesoros del corazón. Tiene un montón de compartimentos donde poder guardar esas fotos, tuyas y mías, nuestras… fotos que mantendrán vivas nuestras eternas sonrisas.

Cierro el cofre, suspiro, sonrío, lo abrazo, cierro los ojos y veo los tuyos. Te perdono, perdono esa decisión que para mí erróneamente tomaste… Esa decisión que nos separó definitivamente. Gracias por haber formado parte de mi vida, por ser una gran amiga el tiempo que te permitiste… Gracias por haberme enseñado la importancia de la vida. Ahora estaré más despierta a no perder ni un minuto en tonterías. Respiraré, sentiré y seguiré amando… Adiós Alba, adiós para siempre… adiós….adiós….

Con amor

Jimena

ESCRITURA_Y_PAZ[1]

Perder a una persona por suicidio es una de las experiencias más traumáticas y dolorosas que podemos atravesar. Con este relato pretendo visibilizar este drama. Hacer visible este duelo es una forma de romper el silencio que rodea al suicidio y que dificulta enormemente las oportunidades que tienen los dolientes de recibir acompañamiento y vivir su proceso.

Yo no callo, no soy ajena a tu dolor. Estoy disponible para acompañarte en tu proceso de duelo.

Un cálido abrazo

Marta Gómez de la Vega

Psicóloga-psicoterapeuta humanista integrativa

http://www.galenemurcia.es

instituto@galenemurcia.es